jueves, 23 de mayo de 2013

Los tres cerebros (Oyekún tesia).



El juego antiguo
que retomó Leonardo,
sacado de las cuevas
de la Virgen de las Rocas,
no es otra cosa
que la continuidad.

El género en la antigüedad
ya refirió su complementariedad,
y se reflejó en un solo Ser,
que es el más pequeño en realidad,
aunque se crea dueño de la verdad.

Sólo la generalidad
hecha invención renacentista,
retomó las enseñanzas
de la costa africana.

Los niveles de la mente humana,
integran su resumen
del proceso evolutivo
que hemos vivido
y que apenas iniciamos.

Somos los hermanos
y los hijos
del reptil
y su cerebro en nuestros instintos,
y de todas las células vegetales
y minerales
que abrieron paso a nuestro destino.

Nuestros sentimientos los vivimos
con nuestro cerebro medio clandestino
asociado al corazón,
el estómago
y la pasión.

Pero, el que debe regir,
es el Superior,
el que se conecta a la situación
donde los contrasentidos se abrazaron
y alcanzaron la unión.

Una corona de perlas
que es nuestra responsabilidad,
que administramos con una gran incapacidad,
debe guiarse de lo Supremo,
y es aquella que debe gobernar
sobre las anteriores
para no perder
lo que en las manos tenemos.

Veamos cómo hacemos,
para caminar con la superioridad
de entre los seres que vemos,
para proporcionar la religiosidad
entre las cosas que hacemos,
para pensar al actuar
ante la gente que queremos.

Aquí sigue el reto:
Hijos de todas las especies
con la dependencia
de los reinos fulminantes de secretos,
tratando a nuestra madre con respeto
y guiando nuestro sistema a lo etéreo,
servirá haber heredado
la Evolucionalidad
del juego de los tres cerebros.

Engel Salazar Aguirre
22 de mayo de 2013.

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