sábado, 20 de abril de 2013

Nunca caen solas (Oyekún meyi).




Nunca caen solas,

las esquinas de los pétalos

luego de su función en la vida de la rosa.



Las cosas rotas

por la furia,

caen en la compañía

de la mala energía.



En la playa, las olas

en la arena,

los castillos abandonados por las sirenas,

nunca caen solas

con la noche a sus espaldas.



Nunca caen solas las esperanzas

que se sembraron en el colectivo,

cuando no existía nada efectivo.



Nunca caen las almohadas,

en los juegos amantes,

y nunca caen los recuerdos

del amor de antes.



Nunca caen solas las llamaradas,

con el odio de las miradas

que destrozan

los vidrios

en las bocas envenenadas.



Nunca cae un alma sin un padre,

ni una oportunidad

que abre

la entrada de un amanecer.



Nunca cae sola el embellecer

de tu sonrisa

en una edad sin camisa.



Nunca caen los hilitos del paño,

ni las largas del pasto,

ni las vidas de verdad

ni los miembros de la humanidad.



Nunca caen solas,

las horas,

en que acompañas tu existir

de los momentos felices

que dan vida a tu vivir.



Por más grietas que veas

en el techo de las olas,

las gotas de agua nunca caen solas.



Engel Salazar Aguirre
20 de abril de 2013.

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